| Riesgos del buceo |
Vaya por delante, que no es mi intención asustar a nadie, pero es innegable que el buceo, como cualquier otra actividad, conlleva unos riesgos que es necesario tener presente.
Un contratiempo que con la ayuda del compañero quedaría en un simple susto, puede convertirse en un trágico accidente de consecuencias impredecibles si el buceador se encuentra solo cuando se produce. Por lo tanto, debe respetarse la anterior máxima de forma estricta.
Dentro de los riesgos del buceo, veremos:
El oído medio es la zona comprendida entre el interno, del que lo separan las ventanas redonda y oval, y el externo, del que está separado por el tímpano. Y precisamente es el tímpano el que puede sufrir las desagradables consecuencias de una mala compensación. Al descender, aumenta la presión externa sobre el tímpano, y precisamente por esa razón el aire que se encuentra en el oído medio disminuye de volumen, lo que de no ser corregido puede tener como resultado la explosión del tímpano hacia adentro (implosión).
Al ascender, se produce la situación inversa. El aire que está dentro del oído aumenta de volumen, y pasa al aparato respiratorio a través de la Trompa de Eustaquio, salvo que ésta se encuentre bloqueada (por ejemplo, por haber usado antes de descender un descongestionador cuyos efectos han cesado). En este caso el aire, al no poder salir, presionará contra el tímpano (ahora la presión externa será menor que la interna), pudiendo reventarlo hacia afuera (explosión) o, si resiste, dañar el oído interno.
Pero si el buceador asciende, y con ello disminuye la presión que soporta, la ley citada provoca que la capacidad de absorción de su sangre y tejidos disminuya, de forma que con el nitrógeno que ya contienen se encuentren sobresaturados, y de forma inmediata lo liberen hasta alcanzar el nivel de saturación. Esta liberación será lenta si la disminución de presión es lenta, y rápida en caso contrario.
Para evitar estos accidentes, debe procederse a una liberación controlada de ese nitrógeno, de forma que las burbujas que se incorporen a la sangre sean menos y menores en tamaño. Este objetivo se consigue mediante dos vías, respetando la velocidad máxima de ascenso fijada, y efectuando, de ser necesario, las paradas de descompresión previstas. Además, deben respetarse otras normas tras la inmersión, como la de no tomar un avión hasta pasado un determinado período de tiempo.
La velocidad de ascenso se fija en aproximadamente 9 metros por minuto (hasta hace poco se fijaba en prácticamente el doble), y debe ser siempre respetada, sea cual sea la duración de la inmersión, y sea o no necesaria descompresión. Si ésta es necesaria, se recomienda que el ascenso entre parada y parada y entre la última y la superficie dure un minuto en cada caso (lo que equivale a una velocidad de 3 metros por minuto).
La acumulación de nitrógeno está en función de la duración y profundidad de la inmersión. Ya se ha dicho que cuanto mayores sean ambas, más nitrógeno se acumulará, de forma que el respeto a la velocidad de ascenso a la que me he referido antes puede no ser suficiente para la eliminación controlada del mismo.
Como resultado de los estudios realizados sobre el tema, se trazó lo que se denomina curva de seguridad, que indica a cuanto tiempo puede estarse a una determinada profundidad sin necesidad de efectuar descompresión, y se fijaron la duración y profundidad de las paradas que deben efecturse cuando se realiza una inmersión sobrepasando la citada curva de seguridad, de forma que durante las mismas pueda efectuarse una liberación controlada del nitrógeno absorbido.
La duración y profundidad a que se deben efectuar estas paradas, se recoge en las denominadas tablas de descompresión. Por su origen anglosajón, las profundidades de las paradas se establecieron en pies (10, 20, 30, 40 o 50), que convertidos al sistema métrico decimal resultan en las profundidades de 3, 6, 9, 12 o 15 metros. No obstante lo normal son paradas a 3 y 6 metros, o sólo a 3, ya que de ser necesarias paradas a mayor profundidad, difícilmente podrán realizarse con la reserva de aire del buceador, teniendo en cuenta además que la inmersión habrá sido muy larga y/o profunda para hacer necesaria tanta descompresión.
No obstante, debe tenerse en cuentas que las tablas facilitan un dato objetivo, que debe adecuarse luego a cada buceador y a cada inmersión. Así, existen factores que aumentan el riesgo, y que hacen aconsejable introducir parámetros de corrección en las tablas, como son la obesidad, el frío, la edad, el consumo de alcohol y tabaco, la fatiga, etc.
Dado que, aun habiendo efectuado la descompresión no se elimina del todo el nitrógeno, es necesario tomar precauciones adicionales tras la inmersión. Así, no se debe tomar un avión después de practicar el buceo, y durante un tiempo, que se establece en 12 horas si no ha sido necesaria descompresión y en 24 horas en caso contrario, debido a que cualquier pérdida de presión de la cabina podría provocar un accidente de descompresión.
Si por desgracia el accidente se ha producido, únicamente existe un tratamiento, que es la recompresión en una cámara hiperbárica, dónde se someterá al accidentado a una elevada presión, que se irá reduciendo lentamente.
En resumen, podemos decir que es altamente aconsejable bucear dentro de la curva de seguridad, sin entrar en descompresión, y en caso de que ello sea imprescindible, respetar escrupulosamente los tiempos marcados por las tablas o el ordenador, con los factores de corrección que procedan. Y aun en inmersiones dentro de la curva de seguridad, vale la pena efectuar una parada a tres metros.
Asimismo, existen enfermedades, como el foramen oval permeable, que hacen totalmente desaconsejable la práctica del buceo, pues su existencia aumenta el riesgo de enfermedad descompresiva.
Al desarrollarse el buceo en un medio que es extraño al hombre, quizás los riesgos son a priori mayores que en otros deportes, pero precisamente por eso, el buceador debe ser más consciente de ellos, y tomar las medidas necesarias para minimizarlos.
Respetando las normas de precaución que a todo buceador se le enseñan, el buceo no tiene porque ser más peligroso que cualquier otro deporte. Dentro de dichas, normas, hay una que merece la pena destacar:
Y si a pesar de seguir las normas se produce un accidente, debe tenerse en cuenta que la tranquilidad es el mejor aliado para solucionarlo.
Los dos últimos son los problemáticos. Los senos en principio se autocompensan con el aire que llega del aparato respiratorio, pero podría ser que una obturación de la comunicación con el mismo lo impidiera (por una malformación o por la existencia de algún taponamiento), ocasionando un barotraumatismo de senos (lo que se sabe al instante por el dolor que provoca). En este caso, no puede hacerse nada, salvo subir y volver a bajar y, si el problema persiste, se debe abandonar la inmersión para evitar males peores.
Para evitarlo, se debe hacer llegar al oído medio, a través de la Trompa de Eustaquio, que es el conducto (de entre 1 y 3 mm. de diámetro) que lo comunica con el aparato respiratorio, el aire que se encuentra en éste (y que como antes se ha dicho, se encuentra a presión ambiente, es decir, a la misma presión que el oído recibe desde fuera).
Para hacer llegar el aire hasta el oído medio, se practica la denominada maniobra de Valsalva, consistente en pinzarse la nariz con los dedos y expulsar el aire por ella, lo que provocará que al no encontrar salida se dirija a través de la Trompa de Eustaquio hacia el oído. No obstante, la maniobra indicada es bastante agresiva, por lo que no es aconsejable realizarla si no fuera estrictamente necesario, y su caso hacerla con precaución. Antes, debe intentarse compensar de otras formas: mediante movimientos de la mandíbula o simplemente efectuando la acción de tragar.
De una u otra forma, la compensación o ecualización de los oídos debe realizarse sin esperar a sentir molestias, a medida que se va descendiendo, para evitar problemas y repetirla siempre que se cambie de cota. Si ello no fuera posible, por ejemplo por la existencia de una congestión, debe abandonarse la inmersión. En ningún caso es recomendable la utilización de fármacos para descongestionar, pues sus efectos podrían desaparecer durante la inmersión y crear un problema mayor, como a continuación se verá.
Finalmente, no quiero dejar pasar la ocasión para hacer constar que el hábito de fumar, negativo y perjudicial "per se", lo es especialmente para el buceador, ya que hace al organismo más vulnerable a las infecciones respiratorias, aumentando los problemas de compensación.
En caso de problemas, es recomendable la maniobra de Toynbee, consistente en, con la boca cerrada, pinzar la nariz con los dedos y tragar, o bien aspirar (nunca expirar).
El problema se presenta si, tras haber tomado aire del regulador se asciende. El aire que se encuentra en los pulmones, por aplicación de la Ley de Boyle-Mariotte, aumentará de volumen y, si no es expulsado, puede llegar a dañar aquéllos de forma grave, causando un enfisema pulmonar, o bien otras patologías como el neumotórax, la embolia gaseosa traumática o el enfisema subcutáneo o el mediastínico.
La manera de evitar estos problemas és fácil: únicamente se debe tener la precaución de dejar salir ese aire sobrante provocado por el aumento de volumen. Para ello, se aconseja ascender emitiendo un sonido para abrir la epíglotis.
Si se mantuviera la presión, esta absorción, llegaría a su fin cuando la sangre y los tejidos se encontraran saturados (cuando no admitieran ya más gases), pero la limitada cantidad de aire de que dispone el buceador en la inmersión, no da tiempo a que ello ocurra.
Y es la liberación incontrolada de nitrógeno la que puede causar graves accidentes al buceador, ya que el nitrógeno liberado se incorpora al torrente sanguíeno en forma de burbujas, que serán mayores y más numerosas cuanto más repentina sea la liberación. Si estas burbujas llegan a un capilar de un diámetro inferior al suyo, lo taponarán, provocando una embolia gaseosa, lo que denominamos enfermedad descompresiva, la gravedad de cuyos efectos dependerá del órgano dónde se halla producido el taponamiento, pero capaz de causar la muerte.
(Si la inmersión se realiza en un lago a gran altura sobre el nivel del mar, debe tenerse en cuenta el hecho de que la presión atmosférica será allí menor y adecuar las magnitudes de las tablas y la velocidad máxima de ascenso a ese dato)
Toda la información descrita, esto es, velocidad de ascenso, duración y profundidad de las paradas, tiempo de nitrógeno residual y prohibición de volar, es también proporcionada por los ordenadores de buceo, lo que los ha convertido en compañeros casi imprescindibles de los buceadores.
Se puede producir a partir de los 35 o 40 metros de profundidad, aproximadamente, si bien el punto exacto dependerá de cada buceador y de su situación ese día.
Cuando sucede, la solución es ascender unos cuantos metros hasta que los síntomas desaparezcan.
Si se produce la intoxicación, que comporta sensación de asfixia, dolores de cabeza y vómitos, el accidentado debe cesar cualquier esfuerzo, controlar la respiración y, una vez en superficie, serle suministrado oxígeno normobárico puro si es posible.
Para solucionarlo, debe cambiarse de posición, siendo efectivo doblar la rodilla ligeramente y estirar de la punta de la aleta, y si es posible practicar un masaje en el músculo afectado.